Apuntes sobre la calle, contra la reforma laboral, últimas protestas y las venideras.

¡Qué misterio el empleo!

Los trabajadores despedidos de las cadenas farmacéuticas se acercan a visibilizar su reclamo a esta plaza de angustias, acá con los jubiladxs. En eso descubren que alguien cumple años, lo rodean y lo celebran. Los trabajadores precarizados ante el dilema de estar presentes, algunos se quedan, otros prefieren correr al pedal, pasan y tocan bocina. Se entiende, la reforma no es para ellos. Es contra ellos. Contra todxs nosotrxs. 

Modifican y desregulan convenios, fragmentan vacaciones, desplazan la competencia de los sindicatos, despidos sin aviso, fragmentación de vacaciones, indemnizaciones en cuotas… Las mujeres entretanto son las más afectadas, doblemente por la asimetría de género que profundiza el capital. No se ha dicho nada de aquellas madres solas en las tareas de crianza… La reforma toca a las minorías como el colectivo LGBTQI+ ¿Acaso se sostendrá el cupo? Sabemos que no.

¿Habrá más empleo? ¡Qué misterio!

Esta reforma neoliberal es contra todxs nosotrxs. 

No podemos imaginar nada distinto. Imaginariamente rotos, nos arrasan. Estamos sobrepasados de decires, de información repetida que aprieta sobre el instinto de conservación de los trabajos. Las horas contadas, el dinero que no alcanza a cubrir la canasta. Vamos y venimos y no hay tiempo de protestar: los jubilados permanecen sedimentados miércoles a miércoles.

Hay indiferencia de quienes ven todo en las redes, pero cuidado, también es indiferente aquel que junta aluminio, los cartoneros. Hablamos con los que paran en la plaza, dicen que quieren estar mejor -como todos – pero no saben nada de la reforma.

Nadie ha hecho nada por ellos. ¡Qué misterio! No hemos hecho nada por ellos. Hay que hacernos cargo también esa es nuestra deuda.

Con y por

Aunque materialmente rotos, hay una instancia del presente donde los lazos solidarios prevalecen sobre estos cuerpos consumidos, el sentido de una comunidad que sostenidamente sale y se vincula: en soportar.

Así se dan al paso juntos- los viejos y los jóvenes- quienes tienen y quienes no. Y es ahí donde confluye el nieto en forma de bastón y escudo, o el hincha de fútbol viéndose reflejado en la puteada del viejo; o las espalditas de las doñas, el chispazo en los ojos, la fuerza débil… 

En una seña difusa el eco de vida encuentra en la calle una red de saludos y abrazos entre conocidos y los nuevos, cobijados por la misma necesidad –se entrelazan las luchas-. Los jubilados ya no pelean por ellos, sino por los nietos- por eso se lucha por el agua, el derecho a la vida. En contra de la modificación de la ley de glaciares. Se lucha por una jubilación digna. Contra la reforma laboral.  Por el cumplimiento de la ley de discapacidad…

Entre esas luchas, de a poco los desocupados también vivan una proclama, y en la marcha una bandera reza: “Jubilados con y por Palestina”.  Dan vuelta a la plaza también discapacitados, disidencias y distintas agrupaciones, algún político de izquierda.

Pagar y pegar

Abierta una vez más, la boca del sorprendido, o la zanja temporal de la historia argentina encuentra una vez más a los jubilados movilizándose para reclamar lo que es suyo: un aumento, la recomposición de haberes, incremento en el bono, gratuidad de medicamentos por parte de su prestadora… y no hablemos de ser jubilado y contar con una discapacidad. Marcharon una vez más como ayer, como en otro momento histórico.

Los viejos marchan en ese arco de tiempo espeso y cansador para los huesos, mientras que al hacerlo reviven en la memoria de la piel aquellos eventos del pasado, cuando estaban en el último trecho de su potencia laboral en los 90. Pero estos no son los 90. Esta es la podrida zanja del gobierno liberal de Milei.

A la marcha se va con lo que se tiene: el cuerpo, algunas latas, carteles y la certeza que bajo este gobierno te van a reprimir.  Antes que pagar, pegar.

Todos los yutas, duro sobre duro, provocan antes, después pegan, los viejos sin nada que perder, los enfrentan, se llevan a quien sea, gases lacrimógenos y gas pimienta: ya lo hemos experimentado. La juventud respalda y no alcanza. Hemos naturalizado que hace dos años alguien en estas marchas deja un ojo, el cráneo hundido, una cadera rota, muletas en el suelo, cuerpos convulsionados por los gases, detenciones arbitrarias… Naturalizamos este teatro represivo donde cobramos los mismos.

Basta.